sábado, 23 de noviembre de 2013

Tigre




Es noche y emprendo
retirada de esta tarde transparente
y calma.
Trono oscuro, monstruo
que adquiere entidad y se abalanza
sobre el vidrio
 golpea, demanda
bajar hasta ese vórtice
inmenso frío que alberga muerte.
Quedan tres almas en la orilla
se cubren verdes
de gracia y vuelven
al cobijo de alguna historia
vuelteando en círculos.
La memoria de tu cuerpo, su piel
manchada en rojo no responde
a la curvatura exacta de mi mano.
Debí contestar a su llamado.
Piso maderas y reclamo
ese pueblo para vos,
te pertenece.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Rilke


La belleza no es sino el inicio del terror.




Cunningham



Eso es lo que buscas en el arte. ¿No?. Esa congoja del alma, esa sensación de estar en presencia de algo sublime y evanescente, algo (o alguien) que brilla a través de la fragilidad de la carne…….
La belleza  es entonces esta: una combinación casual de gracia, perdición y esperanza……
Ahora sería el momento de vaciarlo en bronce, de intentar capturar esos nervios a flor de piel, la insoportable etapa final de la juventud, cuando empieza a comprender que su estado, igual que el de todo el mundo, es grave, pero antes de que empiece a dar los pasos necesarios para vivir medio en paz en el mundo real.
Entretanto, necesita no morir.

Michael Cunningham – Cuando cae la noche

lunes, 2 de septiembre de 2013

Sollers



"Por ejemplo un árbol, ese árbol. Me concentro hago un vació dentro de mi, visualizo las raíces, las adivino y las dibujo, me hundo contra ellas en una oscuridad sin retorno, rasguño, excavo, me entierro, encuentro el agua que me hace falta, asciendo hacia mi base, mi tronco, aquí estoy, perforo, respiro, me cilindro, me descortezo, me enmadero, me ramifico, me folio. Y el espacio, ah el espacio. Y también el tiempo, ah el tiempo...... Y también está el aire, el aire bello, la increíble suerte del aire, el aire libre, libre como el aire, libre como el amor libre en pleno aire" 

 P. Sollers, Une vie divine

sábado, 9 de junio de 2012



Cierro la casa en la que nací,
ya no hay nada allí y sin embargo puedo oír aún
todas las voces.



domingo, 12 de febrero de 2012

Villaguay



Trepo la escalera con cansancio,  saco el dinero suficiente y subo a casa.
Un bolso prestado y mis petates,  no tengo el hábito de viajar. Dos camisas. La remera vieja que recupere cuando mama se fue. Dos shorts, el azul de alguien más que ya no está y uno nuevo que tal vez ni use. Cables, una compu prestada, la cámara que no recuerdo cómo se usa y cuatro días por delante que se abren sin saber que van a llenar. Zapatillas
He perdido la costumbre.  Así, armar el bolso y partir. Premeditado. Con ganas de estar en otro sitio, el que elijo.
Nada fantástico ni costoso ni de moda. Ni siquiera divertido. El pueblo.









Las rastreras y el polvo son como la muerte,
se abalanzan sobre todo lo que fue útil alguna vez,
destrozando,
hasta hacer desaparecer bajo su forma,
al final sólo estará el vacío como el de un cuerpo pompeyano.








La madre abraza al niño,
frente a mi y a mi café,
no existe el futuro en eso
y no hay temor.







Es aquí de donde vengo y es aquí donde desapareceré algún día.
Ella camina sus pasos delante de mí,
yo cierro el círculo y el lugar, hacia el olvido.
Mi estirpe, el lodo que me forma,
el ciprés bajo el que me iré a dormir,
las placas frías donde esta toda mi sangre
ya  seca.